12.1.10

[IG] Utar

Mucho antes de que el velo fuera formado, la gente del sur, altos y esbeltos y de piel morena bendita con fervor por el Padre Sol, recorrían las llanuras veloces como gacelas, y vivían en paz.
De entre los ángeles que acompañaban al gran Othalas en su trayecto, el coro celestial de la Corona era el que mas cerca volaba del mundo, y debido a esa cercanía, observaban con amor y añoranza a los mortales, y entonces aprendieron lo que era el sufrimiento de los corazones. Y la Diosa Madre Maya, compadeciendose de ellos, los libró de su carga, y bajaron jubilosos a encontrarse con aquellos que amaban, y los cuidaron y educaron, y los enseñaron a tejer las varas de trigo y a cocer el barro, a quebrar las rocas para hacer cuchillos, a orar a los dioses, a hilar la magia. Ahora bien, estos ángeles estaban formados de cuerpo y alma, como los mortales, y a su lado crearon descendencia, una raza hermosa de piel nivea y cabellos como hebras del mismo sol, con ojos del color del cielo matutino, y voces dignas de cantar alabanzas a los dioses. Y el precio que los ángeles pagaban para poder tener frutos era su misma inmortalidad, y ninguno rechazó ese privilegio.
En el borde de un cañón infranqueable, erigieron una ciudad de ladrillos blancos y de torres rematadas en agujas de filigrana, y la llamaron Utar. Siendo poseedores del don de la providencia, bordearon la ciudad con un muro impenetrable, y vivieron en paz por mucho tiempo.
Pero los males del mundo un dia alcanzaron este paraiso terrenal, y Utar hubo de enfrentar a los Elar, quienes exigían su ayuda en la guerra contra el mal que había al oeste. Utar se negó, y el ejercito de los Elar fingió marcharse; pero la voluntad del portador del Escudo era ferrea, y su arrogancia era enorme, y se decidió por arrasar la ciudad de los traidores. Esta guerra entre aliados cobro un precio muy caro, pues muchos de los habitantes de la ciudad blanca murieron, y muchos otros quedaron presos bajo una maldición nacida de la traición, y ahí nació el Bosque Oscuro, y jamas pudieron alcanzar la paz. Pero al final, los invasores se retiraron debilitados, y su destino en adelante fue fatal.
Utar quedó marcada para siempre, sus muros resquebrajados, su gente horrorizada. Y cuando los Ilitiri se presentaron reclamando lo que por derecho les pertenecía, la ciudad cayó. Poseedores de un tremendo y nefasto poder, los Ilitiri llevaron las almas de los Utar a los mundos ideales donde el fuego reinaba, y los dejaron ahi presos, víctimas del tormento eterno. La ciudad quedó abandonada, y los recuerdos de la tragedia terminaron por consumirla.
Cerca de dos milenios despues, muy lejos de allí, la nieve comenzo a caer en Uzzara. El cadaver quebrado de Utar fue sepultado, y se dice que entonces, y solo entonces, alcanzó la paz al alcanzar tambien el olvido.